Cuaresma 2026

Querida Familia de Manos Abiertas, hoy con el Miércoles de Ceniza, comienza el Tiempo de Cuaresma. Un Tiempo de Volver al corazón para renovar nuestra Fe, nuestra vocación de servicio desde la profunda alegría de sabernos sostenidos en la Bondadosas Manos de Dios…

Les acercamos una sencilla propuesta para quienes quieran empezar esta Cuaresma, caminando espiritualmente con muchos voluntarios y amigos de Manos Abiertas que desde lo profundo del corazón ponemos Amor y Servicio desde Pequeños Gestos hechos con mucho Amor, sabiéndonos Sanadores Heridos y cimentados en una Alegría que le pone sabor a nuestra tarea cotidiana: misericordia y compasión…

>>> Podrás descargar el archivo PDF  con todo el material e imprimir para tenerlo a mano, y además tener un calendario de cuaresma, para vivirlo por semana o bien día por día.

La Cuaresma es un tiempo que muchos reconocen por sus signos y símbolos: la ceniza, el color morado, el ayuno, la limosna, la oración.

MÁS ALLÁ DE LA COSTUMBRE: ES UN CAMINO DE REGRESO AL CORAZÓN

La cuaresma comienza con algunas propuestas que nos ayudan a centrar el corazón en lo concreto de la vida…

Con signos que nos invitan a dejarnos interpelar y transformar por ellos, para vivir la Cuaresma como un tiempo privilegiado de encuentro, transformación y esperanza compartida.

  • LA CENIZA: Signo de Fragilidad y Verdad

Nos anuncia que no todo está perdido: Dios sigue llamando, incluso desde el límite, a volver a Él y a volver a vivir.

Así, al recibir la ceniza, no solo recordamos nuestra fragilidad, sino que renovamos nuestro compromiso de volver al Señor con un corazón sincero y abierto a su gracia.

  • A la luz de este signo, dejemos que la ceniza nos hable a la propia vida y nos ayude a mirarnos con verdad:

¿Qué seguridades creía firmes y hoy se han vuelto ceniza?

¿Dónde me descubro más vulnerable?

¿Pongo mis límites en manos de Dios, confiando en su gracia, o sigo enfrentándolos solo, apoyado únicamente en mis propias fuerzas?

Frase para el camino: “La ceniza no humilla: humaniza y despierta”

 

  • EL DESIERT0: Signo de silencio, prueba y encuentro

El desierto que hoy se vive muchas veces como cansancio interior, dispersión o una búsqueda que no logra encontrar palabras ni respuestas claras.

La Cuaresma no invita a huir de estas experiencias ni a llenarlas rápidamente, sino a atravesarlas con Él. Allí donde parece faltar todo, Jesús se hace cercano y sostiene el camino.

El desierto, cuando lo vivimos unidos  con Cristo, deja de ser solo prueba y se vuelve espacio donde puede nacer una vida nueva.

  • A la luz de este signo: sintamos que allí donde parece faltar todo, Cristo se hace cercano. Desde esta certeza, dejemos que broten estas preguntas:

¿Qué desierto personal estoy llamado a atravesar en este tiempo?

¿Qué necesito purificar para volver a lo esencial?

¿De qué manera, con Cristo, este desierto puede convertirse en lugar de vida nueva?

Frase para el camino: “El desierto es el espacio de verdad”

 

  • EL AYUNO: Signo de libertad y despojo interior

El ayuno nos invita a tomar conciencia de con qué llenamos rápidamente nuestros vacíos y a qué voces damos mayor autoridad.

Vivido con Cristo, este gesto abre un camino de libertad interior, donde el deseo se purifica y vuelve a orientarse hacia lo que realmente da vida.

Que este tiempo nos ayude a dejarnos conducir por Él, para que el ayuno no sea solo renuncia exterior, sino apertura a una vida más justa, fraterna y verdadera:

«¿No será más bien este el ayuno que yo quiero: “Soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, ¿dejar libres a los oprimidos y quebrar todo yugo?” (Is 58,6).

  • A la luz de este signo y en un momento de silencio interior, dejemos que surjan estas preguntas ante Dios:

¿Qué ocupa hoy gran parte de mi tiempo y de mi energía?

¿Qué me cuesta soltar o dejar de lado?

¿Qué espacio de libertad podría abrirse en mi vida a través del ayuno?

Frase para el camino: “Ayunar es recuperar la libertad interior”

 

  • LA LIMOSNA: Signo de apertura y fraternidad

En la Cuaresma, la limosna aparece como un gesto que hace visible la conversión del corazón. No es un gesto aislado, sino una expresión concreta de la fe que se deja transformar por el amor de Dios y se traduce en fraternidad responsable hacia los demás.

En la tradición bíblica, dar al necesitado es reconocer en él a un hermano, compartir lo recibido y restituir dignidad. Por eso, la limosna cuestiona la relación con los bienes y rompe el encierro en uno mismo.

Vivida en profundidad, la limosna se convierte en un gesto de apertura y de encuentro: compartir tiempo, atención, escucha y recursos; reconocer al otro no como destinatario de una ayuda, sino como un hermano tocado por el dolor, la enfermedad, la pobreza o el abandono.

En este sentido, la limosna no solo transforma la vida de quien recibe, sino también la de quien da, ensanchando el corazón y devolviendo humanidad a los vínculos.

  • A la luz de este signo y en presencia del Señor, dejemos que estas preguntas nos ayuden a mirar nuestra manera de vivir:

 ¿Ante qué realidades de dolor o necesidad tiendo a pasar de largo?

¿Qué me cuesta compartir: tiempo, atención, bienes, cercanía?

¿Cómo puedo fortalecer mi testimonio de ayuda fraterna y solidaria, para que el amor de Dios se haga visible en mis gestos y actitudes hacia quienes más lo necesitan?

Frase para el camino: “Dar limosna es aprender a mirar al otro y hacerse cercano”

 

  • LA ORACIÓN: Signo de apertura y fraternidad

Hoy, la oración se vive muchas veces como una búsqueda frágil y entrecortada. En medio de agendas llenas, notificaciones constantes y preocupaciones que no dan tregua, detenerse para orar no resulta sencillo.

Como en el Evangelio, cuando Jesús se retiraba a lugares apartados para orar, la oración no siempre se presenta como palabras claras o fórmulas aprendidas, sino como un deseo de silencio, una necesidad de sentido o una pregunta que no encuentra respuesta inmediata.

Vivida así, la oración se convierte en un gesto profundamente humano: hacer espacio, escuchar lo que habita el corazón y permanecer, aun cuando no se sabe bien qué decir.

  • En silencio, y a la luz de Jesús que se retiraba para orar, dejemos que este signo dialogue con nuestra propia vida:

¿Qué lugar real tiene hoy la oración en mis días?

¿Me permito hacer silencio y escuchar lo que habita mi corazón?

¿Busco a Dios en medio de lo cotidiano?

Frase para el camino: “Rezar es buscar a Dios en lo cotidiano y dejarse encontrar por Él”

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